Aprender a Pensar

Registrarse

Repensar la Educación

Ignacio Ayerbe Puebla

Enseñar a pensar en Educación es posible.

Al aceptar la posibilidad de enseñar a pensar, se distinguen dos tipos de cambio en la modificación del pensamiento: a) los cambios en habilidades limitadas a contexto que tiene por objeto la realización de tareas o resolución de algún tipo de problemas coordinando mente y conducta, y que pueden ser automatizadas; y b) los cambios estructurales, como puede ser el empleo del lenguaje como herramienta del pensamiento o el paso del pensamiento operativo al pensamiento formal, que se mantienen en el tiempo y pueden ser transferibles a situaciones nuevas.

Si el objeto del cambio es el pensamiento, los objetivos concretos de la modificación cognitiva se orienta a mejorar el proceso de asimilación, acomodación, transformación y utilización adaptativa del conocimiento (Figura 1). Obtendremos así un pensamiento conceptualmente organizado que utiliza todo el conocimiento de su red de información, un pensamiento que analiza, crea, planifica, produce, comunica y soluciona problemas, un pensamiento, en definitiva, relevante en la vida cotidiana (Tapia, 1987).

En nuestra propuesta de enseñar a pensar, no debemos olvidar el papel que juega la emoción como elemento integral del pensamiento. Si bien es cierta la existencia de emociones básicas innatas -miedo, sorpresa, felicidad y tristeza, asco e ira (Damasio 1996)-, no es menos cierto que su desarrollo está íntimamente ligado al desarrollo de la razón. Las emociones se pueden combinar para producir un rango de experiencias aún más amplio; la esperanza y la alegría, combinadas se convierten en optimismo; la alegría y la aceptación nos hacen sentir cariño; el desengaño es una mezcla de sorpresa y tristeza. Todas ellas, van acompañadas de diversas expresiones que toman prestadas las emociones sociales – orgullo, celos, gratitud, envidia, indignación (Damasio 1996) -,  que no son otra cosa que las emociones relacionadas con la vida social de las especies (Ayerbe, 2007). De lo anterior se deriva que las emociones se aprenden, es decir, forman parte del proceso de asimilación, acomodación, transformación y utilización adaptativa, y debe formar parte igualmente de la investigación del pensamiento.

Pero ¿cómo enseñar a pensar? El ámbito científico lleva a cabo la investigación atendiendo bien a procesos aislados bien a grupos sistémicos. En ambos casos hay coincidencia en el hecho de que mejorar el pensamiento es posible y la Educación puede estimular el desarrollo mental y la ejecución cognitiva.

Ningún profesor puede enseñar todos los procesos ligados al pensamiento a todos los estudiantes en una sola asignatura ni en un solo curso. Siguiendo a Brant (1988) – precedente de los proceso educativos de integración de la enseñanza de habilidades de pensamiento en la enseñanza de los contenidos desarrollada por el National Center for Teaching Thinking de Massachussets bajo el término inglés infusion, cercana a la programación por competencias que actualmente aborda el sistema educativo español – el profesor debe conocer los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje de su materia. Es sistema educativo debe desarrollar un plan ordenado de enseñanza integrando materia académica y procesos cognitivos, y debe planificarlo de forma evolutiva, curso a curso, en correspondencia con la evolución cognitiva del niño.

Para asegurar el éxito del objetivo de enseñar a pensar, debemos contar pues, con un plan sistemático. En este Plan, la intervención sobre pensamiento debe fundamentarse en un modelo explicativo del proceso funcional del propio pensamiento que considere la integración entre procesos cognitivos (Ayerbe, 2007) y una teoría educativa que implique los aspectos pedagógicos. Debe entrenar los procesos mentales de ejecución y los no ejecutivos en un currículo bien trazado – que incluya el entrenamiento de los profesores – estableciendo prioridades en el entrenamiento de las competencias mas eficientes, vinculando explícitamente el entrenamiento y las tareas de pensamiento en el mundo real (Mora, 1998). Debe atender a diferencias individuales – cognitivas, emocionales, de interés, culturales, etc.) – permitiendo la acomodación y peculiaridad de profesor y alumno (Beyer, 1998)  y facilitando el progreso evolutivo de los alumnos, en un Plan es una intervención dirigido a la totalidad.

La intervención afecta a gran número de variables implicadas: los procesos, los alumnos, su edad, momento cognitivo, material académico, tipo de entrenamiento, evaluación de resultado, etc. Su desarrollo debe tener por tanto, una dimensión multidimensional.

Enseñar los conceptos y habilidades del pensamiento es posible tal como queda demostrado en los programas de intervención sobre inteligencia iniciado por Budoff en 1.967 y difundido en la obra de Feuersntein (1979) dirigido a escolares con déficit personal recuperable.

Concebir el pensamiento como herramienta adaptativa en la resolución de problemas hace necesaria la incorporación a la Educación de una enseñanza sistematizada de estrategias y habilidades del pensamiento, que promueve el aprendizaje y la conducta inteligente en el mundo real.

Ignacio Ayerbe.- Doctor en Psicología

http://ignacioayerbe.aprenderapensar.net/



escrito el 20 de febrero de 2010 por en Pensamiento


1 Comentario en Enseñar a pensar en Educación es posible.

  1. gronling-online | 07-03-2010 a las 20:37 | Denunciar Comentario
    1

    lo que yo queria, gracias

Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar