Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Ignacio Ayerbe Puebla

Como aprenden los niños la conducta. ( I. Etapa infantil)

A un niño en la primera etapa escolar, no se le enseña a ser bueno ni a ser obediente. Se le adiestra en conductas que le hacen parecer bueno, obediente. Una vez superada la etapa infantil en la que nada estaba mal si la autoridad (padre, maestro, adulto… que impone la norma) no estaba presente, pasarán a aceptar la norma mostrando conformidad con el orden social establecido. Mas tarde, llegando a la etapa preadolescente, realizarán un nuevo aprendizaje de las normas, aceptando únicamente las normas previamente asumidas como propias.

 Las conductas son acciones concretas, adecuadas o inadecuadas, en circunstancias determinadas. Enseñamos a los niños del periodo escolar a realizar conductas adecuadas en momentos determinados o a modificar conductas inadecuadas o que se producen en circunstancias inadecuadas. Desde la psicología del aprendizaje se describen tres modelos principales de incorporación de conductas en la persona:

    El condicionamiento clásico establece el aprendizaje a través de la asociación de estímulos significativos para la supervivencia con otros no significativos biológicamente. En los niños este proceso de aprendizaje se da de manera significativa. Por ejemplo, al niño que para que desayune se le ponen dibujos animados (estímulo no significativo biológicamente), termina por asociar ambos estímulos de forma que reclamará los dibujos para realizar la conducta de desayunar.

Pero de igual manera que se aprende una conducta, se puede desaprender. El niño del supuesto anterior, podría dejar de pedir los dibujos si durante el desayuno los padres están acompañándole; así el niño ha aprendido una nueva conducta debido a una nueva asociación de estímulos (desayuno/presencia de los padres). También puede extinguirse un aprendizaje no presentando nunca juntos los estímulos asociados previamente. En nuestro caso, no encendiendo la tele a la hora del desayuno.  

Si además, como propone el condicionamiento operante, reforzamos la conducta con un estímulo reforzador (en nuestro caso una sonrisa o una felicitación de los padres), favoreceremos que el niño repita la conducta. Si lo que buscamos es que deje de realizarla deberemos evitar cualquier refuerzo.

El castigo está incluido en este procedimiento de aprendizaje: el niño que da una respuesta no aceptable obtiene un estímulo desagradable. Reforzar positivamente las conductas es más efectivo que el castigo, ya que este, aunque no carezca de cierta eficacia, produce agresividad en el individuo y, cuando se abusa de él, indefensión.

El modelo también explica cómo enseñar conductas complejas, mediante un proceso de aproximaciones sucesivas. Si queremos que el niño aprenda un conducta compleja, descompongamos ésta en partes, ordenadas por el grado de dificultad, y vayamos reforzando su realización sucesiva. Un ejemplo: si queremos que nuestro hijo de seis años colabore en casa poniendo la mesa, al principio le pediremos que coloque el mantel y le felicitaremos por realizarlo. Después de varios días, cuando haya aprendido a poner el mantel, le pediremos que coloque el mantel y que lleve los platos y le felicitaremos por realizarlo. Así sucesivamente hasta conseguir el objetivo.

Finalmente, los niños, más que nadie, son propensos a imitar las conductas que ven en personas significativas. Los padres somos pues, modelo de aprendizaje  para nuestros hijos, y disponemos de una herramienta potente en el proceso de enseñanza de conductas. La otra cara de la moneda es que también es fuente de aprendizaje de conductas poco adecuadas si, por ejemplo, descubre que hay héroes de la televisión o del deporte que realizan conductas violentas y son aplaudidas. Podemos utilizar sus personajes favoritos para señalarles aquellas conductas que nos parezcan apropiadas, o comportarnos delante de ellos como queremos que se comporten.



escrito el 12 de Enero de 2010 por en Pensamiento


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